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viernes, 12 de junio de 2009

MAGIA AFRICANA

De: TAU -TRIADELTA (Helena Blavatsky)


Antes de que entremos en el tema del arte de lo oculto, tal como es practicado en la costa occidental del África, sería bueno, primero, aclarar el terreno analizando, por un momento, qué queremos significar con el muy abusado término de "magia".

Existen muchas definiciones para esta palabra, y, en tiempos pretéritos, simplemente se la empleó para designar cualquier cosa que “no fuese comprendida por el vulgo". Para nuestro propósito, será suficiente definirla como el conocimiento de determinadas leyes naturales que son no solamente desconocidas sino, también, absolutamente insospechadas para los científicos de Europa y América.


Es un hecho reconocido que ninguna ley de la naturaleza puede ser abrogada, ni siquiera por un breve momento. Así, pues, cuando lo tal nos parece ser el caso - por ejemplo, cuando una ley universalmente conocida, como lo es la de la atracción gravitacional, pareciera que puede ser aniquilada -, deberíamos reconocer el hecho de que podría haber otras leyes, hasta ahora desconocidas por la ciencia occidental, que tienen el poder de sobrepasar y detener, durante el tiempo que sea, la acción de la citada ley.

El conocimiento de estas leyes desconocidas es lo que entendemos con el término de ciencia oculta o magia. Y no hay ni ha habido en ningún período de la historia del mundo otra magia sino esta. Todos los así llamados "milagros" de los tiempos antiguos pueden ser y son reproducidos en nuestros días por los magos, cuando la ocasión lo requiere. Un acto de magia es un hecho puramente científico y no se lo debe confundir con ninguna
clase de prestidigitación o fraude.

Hay muchas escuelas de magia, todas operando y conduciéndose por caminos completamente diferentes. Las principales de estas – en cuyas filosofías se han fundado todas las demás – son la hindú, la tibetana, la egipcia ( incluyendo la árabe ) y la obiyana(1) o vuduísta. Esta última es total y fundamentalmente opuesta a las otras tres por tener sus raíces y basamentos en la nigromancia o “magia negra”, en tanto que aquellas operan ya sea por medios conocidos por los expertos como “magia blanca” o, en otros casos, por la “manipulación psicológica” del espectador. Es decir, un nutrido grupo de ellos puede ser inducido para ver y sentir, todo el tiempo que sea, cualquier cosa hecha de acuerdo con la voluntad del operador que está en total posesión de sus facultades ordinarias. De este modo, es posible que una pareja de fakires ambulantes realicen su presentación en tu propia villa o en el jardín de tu bungalú, erigiendo un pequeño pabellón y pidiéndote que escojas cualquier animal que desees ver emergiendo desde ese lugar. Muchos animales diferentes son nombrados en ronda por los observadores y, en cada caso, el cuadrúpedo deseado, sea este un tigre o un terrier, sale de entre los telones y marcha lentamente hasta desaparecer por los inmediaciones de un rincón adyacente. Bien, esto se hace simplemente por “inducción psicológica”, tal como se hacen todos los otros grandes actos notables de la India: “el truco del canasto”, “el árbol de mango”, el lanzamiento de una cuerda al aire y la ascensión por ella, llevándosela para desaparecer en el lugar, y mil y un otros actos similares que son “familiares como las conversaciones hogareñas” para casi todos los anglo-indios.

La diferencia entre estas escuelas y la de Obeah(2) o vuduísta es muy grande, porque en aquellas lo que hay es un engaño o un deseo de realidad en la representación. El espectador realmente no ve lo que su imaginación ve: Su mente es simplemente impresionada por el operador y el efecto queda realizado. Pero en la magia africana, por el contrario, no habrá impresión: de hecho, el observador realmente ve lo que se está llevando a cabo. La fuerza empleada por los nigrománticos africanos no es la de la acción psicológica sino la de la demonosofía.

Los magos blancos han dominado y empleado, con frecuencia, a los espíritus inferiores, así como han invocado el auxilio de lo poderoso y benéfico para que cumplan sus propósitos. Esto, empero, es un asunto diferente por completo: Los espíritus que son por naturaleza maléficos, se convierten en esclavos del mago, quien los controla y los obliga a realizar sus planes benéficos. El nigromántico o devoto de la magia negra es, por su parte, esclavo del espíritu del mal al cual se ha entregado.

Mientras la filosofía del mago le demanda una vida de la más grande pureza y la práctica de toda virtud, mientras está obligado a someter por completo y tener perfecto control de todos sus deseos y apetitos mentales y físicos, y debe llegar a ser la inteligencia personificada, liberada absolutamente de toda pusilanimidad y debilidad humanas, el nigromántico está obligado a ultrajar y degradar la naturaleza humana en todas las maneras concebibles. El más pequeño de los crímenes a perpetrar, necesario para que él ( o ella ) obtenga el poder procurado, será la del mismo asesinato de la víctima humana, esencial para el sacrificio, de la que se haya provisto. La mente humana difícilmente puede darse cuenta de o imaginar, siquiera, la décima parte de los horrores y atrocidades que, de hecho, son realizados por las mujeres de Obeah(3).

Sin embargo, aunque el precio es espantoso, horripilante, innombrable, el poder es real. No hay posibilidad de engaño en torno a esto. En la costa occidental africana, cada uno de los reyezuelos tiene su "hacedor de lluvia". Está de moda entre los viajeros, y en los negocios de los misioneros, ridiculizar y negar los poderes de estas gentes. Pero los tienen y, en verdad, utilizan el poder para causar tormentas lluviosas, vientos y rayerías. Cuando uno considera que, independiente de lo ignorantes y salvajes que puedan ser, tienen, con todo, una ingente cantidad de inteligencia natural - y su gran ignorancia no les permite creer en nada que no pueda ser demostrado -, ningún "hacedor de lluvias" podría vivir un año a menos que dé reiteradas muestras de sus poderes cuando les son requeridos por el rey. El fracaso significaría, simplemente, la muerte. Y la hipótesis de que ellos únicamente realizan sus conjuraciones cuando el tiempo está a punto de cambiar, es sólo una invención de los misioneros. Los jefes nativos son capaces, como todos los salvajes, de detectar la cercanía de un cambio del tiempo muchas horas antes de que ocurra. ¿Será absolutamente cierto que ellos harían venir al "hacedor de lluvias" para darle, durante doce meses, el ganado que necesiten, además de las esposas y otros lujos, si hubiere el más leve indicio de una lluvia que está por caer?

Recuerdo bien mi primera experiencia con estos hechiceros. Durante semanas y semanas no había caído lluvia aunque era la temporada de los aguaceros. El millo fenecía por falta de agua, el ganado era sacrificado en todas partes; niños y mujeres habían muerto por montones, y entre los guerreros empezaba a suceder lo mismo, al estar convertidos en poco menos que esqueletos. Día tras día, el sol, a semejanza de un globo de brillante cobre, resplandecía intensamente - sin que interviniese ni una nube - sobre la reseca tierra, y toda la naturaleza iba languideciendo en aquel espantoso horno. Súbitamente, el rey ordenó que se batiesen los grandes tambores de guerra y todos los guerreros se reunieron rápidamente. Él les anunció la llegada de dos connotados hacedores de lluvia, quienes de inmediato deberían proceder con el fin de aliviar el sufrimiento prevaleciente. El más anciano de los dos era un desmirriado hombrecito patizambo de espesos rizos cortos que habrían sido blancos de no haber estado mezclados con grasa, mugre y plumas. El segundo no era sino un hermoso espécimen de la raza susu (4), pero de expresión muy siniestra. Un gran círculo de pequeños negros, que habían llegado – por no se sabía cuál razón – armados hasta los dientes, estando el rey en el centro y los hacedores de lluvia ante él, iniciaron sus encantamientos. El cenit y el horizonte eran ansiosamente examinados de vez en cuando, pero no había aparecido ningún vestigio de nubes. De repente, el hombre más anciano, convulsionado, aparentemente epiléptico, rodó por el suelo, y su compañero saltó a sus pies señalando con ambas manos el cobrizo cielo. Todos los ojos siguieron su gesto y miraron el punto hacia el cual sus manos señalaban, pero no había nada visible. Inmóvil como una pétrea estatua permaneció con la mirada pegada al cielo. En el término de un minuto, una obscura sombra era observable en el tinte cobrizo; en el siguiente minuto fue haciéndose más y más obscura, y en unos cuantos segundo más se convirtió en una nube negra que muy pronto se desplegó por los cielos. Súbitamente, se vio un vívido destello, y el diluvio que cayó desde la nube, la que ahora estaba cubriendo por completo las alturas, fue algo que no se olvidaría jamás. Durante dos días con sus noches estuvo derramándose aquel torrente y parecía que iba a arramblar todo lo que hubiese en tierra.





Luego de que el rey se despidiese de los hacedores de lluvia y que ellos pusiesen en resguardo el ganado y los regalos, entré a la choza donde estaban alojados y pasé la noche con ellos analizando el arte mágico. La choza era de aproximadamente catorce pies de diámetro, estaba fuertemente construida con postes clavados con firmeza en el suelo y tenía por techo una robusta cubierta cónica de paja. Finalmente, los persuadí de que me diesen uno o dos ejemplos de su conocimiento. Ellos empezaron a cantar o, mejor dicho, a murmurar una larga invocación. Después de unos cuantos minutos, el hombre más joven pareció elevarse por el aire a unos tres pies de la tierra, permaneciendo allí suspendido, más o menos flotando. En la choza había una luz brillante que salía del fogón que estaba en el centro, de modo que el más pequeño detalle podía observarse con claridad. Me levanté y fui a examinar al hombre que estaba en el aire y no cupo duda acerca de su levitación. Entonces él flotó acercándose a la pared y la atravesó para salir afuera. Eché a correr hacia la puerta de entrada que estaba al otro lado de la choza y lo busqué por el contorno. Vi una figura luminosa que semejaba a un hombre embadurnado con aceite fosforescente, y jubiloso busqué, de inmediato, refugio de los torrentes de lluvia. Cuando retorné a la choza, sólo se encontraba presente el anciano. Examiné con cuidado los maderos, pero no había ninguna abertura. El anciano continuó con su canto y al siguiente momento reapareció su compañero flotando en el aire. Él se sentó en el suelo y observé su negra piel reluciente por la lluvia. Los escasos andrajos que vestía estaban tan húmedos como si se hubiesen empapado en un río.

La siguiente proeza fue realizada por el anciano y consistió en muchas desapariciones y reapariciones instantáneas. El punto curioso en cuanto a esto es que las ropas del anciano llegaron a gotear por la humedad.

De seguido hubo una exhibición muy interesante. Por órdenes del anciano nos distribuimos alrededor del fuego en los tres puntos de un triángulo imaginario. Con ritmo y con sus cantos, los hombres movían las manos sobre el fuego cuando docenas de tic-polongas, la serpiente más mortífera del África, reptando con lentitud, comenzaron a salir desde las quemantes ascuas y se entrelazaron, alrededor del fuego, rodando en una loca danza sobre sus colas mientras siseaban sin cesar. A la orden de ellos todas saltaron hacia el fuego y desaparecieron. El hombre joven vino hacia mis inmediaciones y, arrodillándose, abrió su boca, desde la cual, rápidamente, salió la cabeza de una tic-polonga. Con prontitud la agarró y, desde la garganta, sacó una serpiente de unos tres pies de largo que, igualmente, fue lanzada hacia el fuego. En forma veloz y sucesiva retiró de su garganta siete serpientes y les dio a todas el mismo quemante fin.

Pero yo deseaba conocer lo que ellos podían realizar en la senda de la evocación de los espíritus. En esta ocasión, el encantamiento había demorado cerca de veinte minutos cuando, surgiendo lentamente del fuego, apareció una figura humana, un hombre de mucha edad, un hombre muy blanco, pero totalmente desnudo. Le hice muchas preguntas, pero se obstinó en no responder. Me levanté y caminé alrededor del fuegoy observé, especialmente, una lívida cicatriz en su espalda. Yo no podría dar una explicación satisfactoria de quién era, pero ellos parecieron muy asustados por su causa, y es que, en verdad – por los comentarios que se intercambiaron -, habían esperado ver a un hombre negro.

Tras la aparición de este hombre blanco, yo no podría persuadirlos de que esa noche intentasen alguna cosa más, aunque en la siguiente noche no tuve ninguna dificultad con ellos. Una proeza bastante impresionante que realizaron en la siguiente ocasión fue la antigua costumbre de los sacerdotes de Baal. Iniciando un lúgubre canto, ellos empezaron a circular lentamente alrededor del fuego ( que, se ha dicho, es una parte esencial del procedimiento ), manteniendo cierta cantidad de ritmo en sus movimientos y cadencias. De pronto, el movimiento se hizo más y más rápido hasta que se pusieron a girar alrededor como en los derviches danzantes. Hubo dos tipos diferentes de movimientos: Durante todo el tiempo que estuvieron girando alrededor del círculo, iban rotando velozmente sobre sus propios ejes. Con la rapidez de sus evoluciones, sus voces se iban elevando más y más alto hasta que el griterío fue terrífico.Entonces, con un movimiento simultáneo, cada quien empezó a hacerse cortaduras en su cuerpo desnudo, sobre sus brazos, pecho y muslos, hasta convertirse en un río de sangre cubierto con heridas profundas. Luego, el anciano detuvo su errático curso, y sentándose en el suelo se quedó fijamente mirando, con aparente ansiedad, al más joven, quien continuó el frenético ejercicio hasta que su naturaleza quedó exhausta y no aguantó más, cayendo al suelo jadeante e impotente. El anciano tomó los cuchillos y untó las hojas con un poco de una maligna grasa maloliente de calabaza y de inmediato pasó por todo el cuerpo de aquél la hoja del cuchillo con la que se había hecho las heridas, y con las palmas de las manos embarradas de ungüento, concluyó la operación frotándole vigorosamente el cuerpo.

En unos cuantos minutos, el hombre joven se puso de pie, sin que en su piel de ébano hubiese ni la más leve señal de herida o cicatriz. Después, él habría de hacer los mismos oficios y con el mismo resultado en el anciano. Diez minutos más tarde, ambos estaban acostados en sus esteras en un dulce y apacible sueño. En esta representación hubo muchas invocaciones, gestos, el fuego circular y otras cosas que me satisficieron en alguna medida, en todos los eventos, de los procesos mágicos del África occidental que han sido manejados desde los tiempos cuando Baal era el dios verdadero y poderoso en la tierra.


Lucifer, noviembre, 1890


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Notas del traductor

(1)Se refiere al culto del dios serpiente Obeah, ampliamente extendido en las antiguas colonias del Imperio Británico en las Indias Occidentales. La verdad es que hay algunas diferencias de fondo y forma entre las prácticas vuduístas y el culto a Obeah.

(2)Obeeyah, en el original.

(3)Ídem a (2).

(4) , en el original. La escritura en inglés mejor admitida es susu, que se puede transcribir igual en castellano, para no confundirla con soosoo, nombre dado a un delfín del Ganges. Además, entre una y otra hay una ligera diferencia de pronunciación. Los susu son una etnia de poco menos de un millón de personas que vive, principalmente, entre Guinea, Sierra Leona y Sudán.

¿ES EGOÍSTA EL DESEO DE VIVIR?

H. P. Blavatsky
The Theosophist, julio 1884.

En un artículo publicado en Abril 1882 en esta misma revista, bajo el nombre El Elixir de Vida, se encuentra una frase que dice “Vivir, vivir, Vivir, debe ser una indesviable determinación”. Esta frase es citada a menudo por lectores superficiales que no simpatizan con la S. T., como un argumento de que las enseñanzas del ocultismo son la forma más concentrada de egoísmo. Para determinar si esa crítica es correcta o no, hay que asegurarse primero sobre el significado de la palabra egoísmo.
Conforme a autoridades reconocidas, egoísmo es aquella “consideración exclusiva al interés o felicidad de uno mismo; aquel supremo amor o preferencia por sí mismo, que lleva a la persona a dirigir todos sus propósitos al adelanto de su propio interés, poder, o felicidad, sin considerar los de los demás.”
En resumen, un individuo absolutamente egoísta es el que solo se cuida de sí mismo y de nadie más, o, en otras palabras, el que está tan fuertemente imbuido de un sentido de la importancia de su propia personalidad que eso es para él la cima de sus pensamientos, deseo y aspiraciones, más allá de la cual todo es un complejo vacío.
¿Puede decirse, pues, que un ocultista es “egoísta” cuando desea vivir en el sentido que le da a este verbo quien escribió el artículo sobre El Elixir de Vida? Se ha dicho muchísimas veces que la finalidad suprema de todo aspirante al conocimiento oculto es el Nirvana, cuando el individuo, libertado de toda envoltura mayávica se unifica con el Alma Suprema, o sea cuando, según la terminología cristiana, el Hijo se identifica con el Padre. Para ese propósito ha de rasgar todo el velo de ilusión que crea un sentido de aislamiento personal, un sentimiento de estar separado del TODO. O, en otras palabras, el aspirante debe descartar gradualmente todo sentido del egoísmo que a todos nos inficiona más o menos.
El estudio de la Ley de Evolución Cósmica nos enseña que cuanto más alta sea la evolución, más tiende hacia la unidad. En efecto, la Unidad es el objetivo supremo de la Naturaleza, y quienes por vanidad y egoísmo van contra sus propósitos no pueden dejar de incurrir en el castigo de la aniquilación total.
El Ocultista reconoce así que el altruismo y el sentimiento de filantropía universal constituyen la ley de nuestra existencia, y se dedica a intentar destruir las cadenas de egoísmo con que Maya nos ata a todos. La lucha, entonces, entre el Bien y el Mal, entre Dios y Satanás, entre Ángeles y Demonios, que se menciona en los libros sagrados de todas las naciones y razas, simboliza la batalla entre los impulsos altruistas y los egoístas, la cual tiene lugar en el hombre que trata de seguir los propósitos más altos de la Naturaleza, hasta que las tendencias inferiores, creadas por el egoísmo, quedan completamente vencidas, y el enemigo totalmente derrotado y aniquilado.
Con frecuencia se ha dicho en varias obras teosóficas y otros escritos ocultos, que la única diferencia entre un hombre ordinario que trabaja naturalmente durante el curso de la evolución cósmica, y un ocultista, es que el ocultista, por su conocimiento superior, adopta ciertos métodos de adiestramiento y disciplina que aceleran ese proceso de evolución, y así alcanza en un tiempo comparativamente corto aquella cima que a un individuo corriente le puede tomar quizá billones de años. En unos pocos miles e años se acerca a aquella forma de evolución que la humanidad corriente alcanzará tal vez en la sexta o séptima ronda de progresión cíclica.
Es evidente que el hombre medio no puede convertirse en un Mahatma en una sola vida o encarnación. Y quienes hayan estudiado las enseñanzas ocultas referentes al Devachán y estados post-morten, recordarán que entre dos encarnaciones hay un período considerable de existencia subjetiva. Cuanto más largo sea el número de tales períodos Devachánicos, mayor será la extensión de esta evolución. La aspiración principal del ocultista es por tanto controlarse de tal modo que sea capaz de regular sus estados futuros, y así acortar gradualmente la duración de sus estados Devachánicos entre dos encarnaciones.
En su progreso, llega un tiempo ñeque entre una muerte física y su siguiente renacer, no hay ningún Devachán sino una especie de ensueño espiritual; el choque de la muerte, por decirlo así, lo aturde en un estado de inconsciencia del cual se recupera gradualmente para encontrarse renacido y continuar su carrera. el período de este sueño puede variar desde 25 hasta 200 años, según el grado de su adelanto. Pero hasta de este período puede decirse que es un tiempo desperdiciado, y por tanto dedicará todos sus esfuerzos a acortar su duración, de modo de llegar gradualmente a un punto en que el paso de un estado de existencia a otro sea casi imperceptible. Esta viene a ser como su última encarnación, pues el choque de la muerte no vuelve a aturdirlo. Esta es la idea que el autor de El Elixir de Vida trata de transmitir cuando dice: “Lo que él ha hecho es extender a un número de años el suave proceso de disolución que otros soportan, desde un breve momento hasta unas pocas horas. El Adepto más elevado está muerto para el mundo y está absolutamente inconsciente de él; indiferente a sus placeres, despreocupado de sus miserias en cuanto a sentimentalismos; aunque el severo sentido del deber no le enceguece jamás a la existencia del dolor...”
Ese Adepto se libera gradualmente de todas las partículas viejas y densas de su cuerpo, por el proceso de emisión de átomos que ha sido discutido en ese artículo y en otros escritos, y va sustituyéndolos por otros más finos y etéreos, hasta que el cuerpo denso está completamente muerto y desintegrado y él vive en un cuerpo enteramente de su propia creación adecuado a su trabajo. Este cuerpo es esencial para sus propósitos, pues como dice ese artículo:
“Para hacer el bien, lo mismo que para todo, el hombre debe disponer de tiempo y materiales con que trabajar. Estos son medios necesarios con los cuales hacer infinitamente más bien que sin ellos. Al que adquiere estos poderes, se le presentarán oportunidades de usarlos...”
Más adelante , al dar instrucciones prácticas para ese propósito, el mismo artículo dice:
“El hombre físico debe hacerse más etéreo y sensitivo; el hombre mental más penetrante y profundo; el hombre moral más abnegado y filosófico.”
Estas importantes consideraciones las pierden de vista los que sonsacan del contexto el siguiente pasaje del mismo artículo:
“...podrá verse cuán necio es que la gente le pida a los Teósofos que “les procuren comunicaciones con los Adeptos más elevados”. Es sumamente difícil inducir a uno o dos de ellos a perjudicar su propio progreso interviniendo en los asuntos mundanos, incluso con los clamores de todo el mundo. El lector ordinario dirá: “Eso es Divino, eso es el colmo del egoísmo”. Pero dése cuenta de que un Adepto muy elevado que ha emprendido la tarea de reformar el mundo, tendría necesariamente que someterse una vez más a la reencarnación. ¿y el resultado de todo lo que ha conseguido antes en esa dirección, es suficientemente alentador para incitarlo a un nuevo intento?”
Los lectores y pensadores superficiales que condenan este pasaje como inculcador de egoísmo, pierden de vista varias consideraciones importantes. En primer lugar, olvidan los otros pasajes ya citados que imponen la abnegación como una condición necesaria para triunfar, y que dicen que con el progreso se adquieren nuevos sentidos y poderes con los cuales puede hacerse infinitamente más bien que sin ellos. Cuanto más espiritual se hace el Adepto, menos puede inmiscuirse en los asuntos mundanos ordinarios, y más tiene que dedicarse al trabajo espiritual.
Innumerables veces se ha repetido que el trabajo en un plano espiritual es tan superior al trabajo en el plano intelectual, como el trabajo intelectual es superior al que se hace en el plano físico. Los Adeptos muy elevados, por tanto, sí ayudan a la humanidad, pero sólo espiritualmente; están constitucionalmente impedidos para interferir en los asuntos mundanos. Pero esto se aplica solamente a Adeptos muy elevados. Existen diversos grados de Adeptado, y los de cada grado trabajan por la humanidad en los planos a los que se han elevado. Sólo los chelas pueden vivir en el mundo, hasta que se eleven a cierto grado. Y es precisamente porque los Adeptos se interesan por el mundo, que hacen que sus chelas vivan y trabajen en él, como lo saben muchos de los que han estudiado este tema.
Cada ciclo produce sus propios ocultistas que serán capaces de trabajar por la humanidad de su época en todos los diferentes planos. Pero cuando los Adeptos prevén que en cierto período determinado la humanidad de entonces será capaz de producir ocultistas para trabajar en planos particulares, se aprestan para semejantes ocasiones, bien sea renunciando voluntariamente a su propio progreso y esperándose en esos grados hasta que la humanidad llegue a ese período, o rehusándose a entrar en Nirvana y sometiéndose a reencarnar con tiempo para alcanzar esos grados cuando la humanidad requiera su asistencia en esa etapa.
Y aunque el mundo no sea consciente del hecho, existen ahora mismo ciertos Adeptos que han preferido permanecer status quo y rehusar tomar los grados superiores, en beneficio de las futuras generaciones de la humanidad. En resumen, como los Adeptos trabajan en armonía, puesto que la unidad es la ley fundamental de su existencia, han hecho, como si dijéramos, una división del trabajo, conforme a la cual uno de ellos trabaja en el plano y en el tiempo que se le ha asignado, en pro de la elevación espiritual de todos nosotros. Y el proceso de longevidad mencionado en El Elixir de Vida es solamente un medio para un fin que, lejos de ser egoísta, es el propósito más altruista al cual un ser humano puede consagrarse.

domingo, 21 de diciembre de 2008

LA VOZ DEL SILENCIO

H.P. Blavatsky en "La Voz del Silencio" dice: "Aquel que pretenda oír la Voz de Nâda, el Sonido Insonoro, y comprenderla, tiene que enterarse de la naturaleza del Dhâranâ". Nada es aquí la "Voz del sonido espiritual" y Dhâranâ la perfecta concentración de la mente sobre un objetivo interno, acompañada de la completa abstracción de todas las percepciones del mundo exterior.Dice Crowley respecto a este versículo, que el principiante comienza a oír muy pronto ciertos aspectos de esta Voz cuando empieza la práctica del Pranayama, que corresponde en la audición al oscuro velo que se ve cuando se cierran los ojos, aunque reconoce que se necesita cierto grado de progreso antes de que pueda oírse nada.Prosigue Blavatsky: "Cuando haya cesado de oír los muchos sonidos, entonces podrá discernir el UNO, el sonido interior que mata a los exteriores." Dice Crowley de este versículo que los "muchos" son primariamente los sonidos que tienen lugar fuera del estudiante, y después los que tienen lugar dentro, como la pulsación de la sangre dentro de los oídos, etc.La "Voz del Silencio" continúa: "Entonces, únicamente, y no antes, abandonará la región de lo Falso (ASAT), para entrar en el reino de lo verdadero (SAT)". "Antes de que el alma pueda ver, debe haberse alcanzado la Armonía interior, y los ojos carnales han de estar cegados a toda ilusión". Dice Crowley al respecto que esta Armonía interior es un estado en el que ni los objetos percibidos por los sentidos, ni las sensaciones fisiológicas, ni las emociones, pueden perturbar la concentración del pensamiento."Antes de que el alma pueda oír, es necesario que la imagen (hombre) se vuelva tan sorda a los rugidos como a los susurros, a los bramidos de los elefantes furiosos, como al zumbido argentino de la dorada mosca de fuego" continúa la Voz del Silencio."Antes de que el alma sea capaz de comprender y recordar, debe estar unida al Orador silencioso, de igual modo que la forma en la que es modelada la arcilla, lo está al principio con la mente del alfarero". A lo que añade Crowley que cualquier objeto actual de los sentidos es en realidad una precipitación de un ideal. Durante la práctica de la concentración sobre un determinado objeto, poco a poco se rechaza su apariencia externa y se llega a ese ideal, que probablemente no se parecerá a aquellos objetos que son sus manifestaciones objetivas.El texto sigue diciendo: "Porque entonces el alma oirá y recordará"."Y entonces el oído interno hablará LA VOZ DEL SILENCIO"."Antes de que puedas sentar el pie en el peldaño superior de la escala de los sonidos místicos, tienes que oír la voz de tu Dios interior de siete formas distintas". "Como la melodiosa voz de un ruiseñor entonando un canto de despedida a su compañera, es el primero. Percíbese el segundo a la manera del sonido de un címbalo argentino de los Dhyânîs, despertando las centelleantes estrellas. Suena el siguiente como el lamento melodioso del espíritu del océano aprisionado dentro de una concha. Y éste va seguido del canto de la Vînâ. El quinto a manera de flauta de bambú, suena vibrante en tu oído. Y luego se convierte en sonido de trompeta. El último vibra como el sordo retumbar de una nube tempestuosa. El séptimo absorbe todos los demás sonidos. Estos se extinguen y no se les vuelve a oír más". Dice Crowley de este último sonido silencioso que se trata más bien de un terremoto que de un sonido, que produce una mezcla de terror y de éxtasis imposible de describir, y que como regla general descarga completamente la energía del adepto, dejándole más débil que tras un ataque de malaria. Sin embargo, añade que si la práctica ha sido correcta deja paso a un estado en el que se deja de dirigir la atención a las cosas intrascendentes.Crowley insinuó que había relación entre el libro la "Voz del Silencio" de Blavatsky y la entidad misteriosa denominada LAM, de la que habló poco el gran mago Thelemita. Sin embargo, esta entidad ha sido contactada posteriormente por distintos magos como Jean-Maine, Bertiaux, Grant, etc. En una comunicación con LAM realizada por el autor de este artículo en 1990, recibió el mensaje siguiente:"Escucha la Voz que suena dentro de ti, porque esa es mi Voz. Por eso no tengo oídos, porque yo soy la Voz misma, la Voz Primordial de las que todas las voces y sonidos no son más que aspectos. Yo soy la acción y reacción de A sobre M, la fuerza de L actuando con A sobre M. Mira las claves y sabrás.Yo te hablo dentro de ti y mientras tengas oídos para escuchar y escribas estaré contigo, porque mi forma de expresión es 'manual', es decir, a través del hombre. Mira tu mano porque yo la hice para expresarme en el silencio. Cuando hables a través de tu mano, en silencio, mi Voz se manifestará.Maat, Nu, Al, todo está en estas tres palabras y yo me manifiesto a través de ellas: MA NU AL.Yo no doy imágenes a tu visión, sólo doy palabras a tu mano, porque hablo en silencio.La expresión corporal es mi Voz. Yo me manifiesto en el cuerpo porque yo soy el cuerpo. Toda la fuerza que hay dentro de ti es mi fuerza. Desde los albores de la creación esta fuerza no se ha detenido nunca y está ahora escribiendo por tu mano, porque yo soy la fuerza que ha creado el universo y que se encuentra latente y silenciosa dentro del hombre. Solamente espero ser invocada y entonces me manifiesto.Mi poder está oculto tras el velo de la vida y de la muerte. Por eso soy un niño y un viejo, y por eso estoy en la encrucijada que separa los mundos y los planos. Por eso soy el vigilante silencioso que mira el mundo que yo mismo he creado. Porque sólo aquellos que miran a través de mis ojos rasgados pueden ver el mundo tal como es. Sólo el que está dentro de mi, es decir, el que ha recibido la iniciación que le ha permitido penetrar por la puerta de los mundos, es aquel que puede mirar a través de mis ojos.Busca en el Mañongo Mpabio y en el Elegguá, porque yo estoy dentro. La fuerza de Samael es mi vestidura para crear los mundos.Permanece quieto y silencioso y serás como yo."En este mensaje hay muchas connotaciones que se relacionan con "La Voz del Silencio". Las palabras Mañongo Mpabio y Elegguá pertenecen a la tradición criolla afrocubana del Abakuá y de la Santería. El Mañongo Mpabio es en la tradición mágico-religiosa de los Ñáñigos (Abakuá) una olla, cazuela de barro o calabaza que tienen los brujos Nasakó, donde guardan todos sus objetos mágicos más preciados, entre ellos huesos y dientes humanos de sus antepasados, piedras de poder y elementos de su oráculo. Elegguá es un Oricha (dios) del sistema Lucumí de los Yoruba (Santería) que es un auténtico mensajero entre los demás dioses y los hombres, guardián de puertas y caminos y el primer punto de culto y trabajo en dicho sistema para el que quiere acceder a los planos sutiles. Se suele representar físicamente como una cabeza humana realizada en cemento o piedra, cuyos ojos, boca y orejas son caracoles bivalvos, y los santeros la colocan al ladode la puerta de sus casas y cerca del suelo.Pero ninguna revelación es posible hasta que el Espíritu Santo purifique y consagre el cuerpo, habitando en él para siempre. Cuando esto sucede, encuentra allí a los Daemones (expresión que se relaciona de alguna forma con los instintos), que a su contacto quedan transformados en esencias divinas o arquetipos. Ellos son los que actúan sobre el ciclo de la vida y de la muerte en el plano físico, realizando esquemas de eternidad.El sonido o vibración es el gozo pleno de amor que une al iniciado con su propia Esencia y es la Voz de Sophia, de la Sabiduría divina cuando reconoce al Soter o Salvador que viene en su busca.El Nombre de un Adepto es a su forma encarnacional individual lo que la esencia es a la sustancia. El Nombre encierra en sí todo el poder que un iniciado puede desarrollar en sí mismo. El Nombre supremo de un Adepto sólo puede ser conocido por él mismo y no ha de ser comunicado a nadie más. Es a través de ese Nombre divino y secreto por el que puede crear con su magia su propia teurgia. Es por ese Nombre por el que será llamado a la Presencia Divina.Sólo aquellos cuyos Nombres brillan en la Corona Divina, Kether, viven eternamente. La búsqueda de nuestro propio Nombre sagrado es la búsqueda de la Chispa Divina que yace escondida dentro de nosotros mismos, aquella que tiene su propia frecuencia vibratoria particular, su propio tono musical dentro de la "sinfonía" del Logos y que constituye nuestra parcela particular de Luz Eterna. En la medida que el iniciado participe de su propio Nombre será consciente de la vida eterna. Habrá nacido dos veces y será heredero del reino espiritual, donde su Nombre brillará como las estrellas del firmamento.El hombre que llega a tener la conciencia del Uno, vence al tiempo y al espacio, y su frente se corona con la Gloria luminosa que le proporciona ese conocimiento. Entonces sus vehículos sutiles se hacen diferentes porque el Poder está en ellos. Ya nunca más es una conciencia que necesita moverse para conocer, porque ahora es omniconsciencia. Y el iniciado construye un campo de luz a su alrededor al penetrar en él las corrientes espirituales.Este campo de luz sólo puede hacerse con el Sol espiritual, es decir, con las energías espirituales que emanan de nuestro centro más íntimo, donde mora la chispa divina enterrada en nuestra individualidad, y con energías sutiles que se producen en nuestros centros inferiores cuando son despertados adecuadamente.Entonces el iniciado conoce las palabras que representan correctamente cualquier realidad, y a través de dichas palabras de poder, evoca la espiritualidad que irradia cada realidad. Las vibraciones externas e internas de cada cosa son una sola para él, porque puede percibirlas a la vez.Esta es la visión de la Luz en el Vacío, la visión última a la que el iniciado puede acceder, porque entonces tendrá en su conciencia el máximo de luz que puede obtenerse. Sólo después de esta experiencia puede conseguir la paz y la tranquilidad absoluta, el Nirvana de los budistas y el Samadhi de los yoguis.Solamente cuando uno sigue a la luz interior que surge de la consciencia divina, es cuando puede salir de la limitación del mundo de la paradoja y la dialéctica. Es esta luz la que como piedra filosofal ha de romper los muros que nos impiden ver la Verdad del Ser. Pero hay que buscar esta Piedra en la base y en lo más profundo de nuestra existencia personal. Sólo así la Voz de la Sabiduría resonará en nosotros y a través nuestro, esa vibración, auténtico Nombre personal o individual, se expresará hacia las cuatro direcciones del espacio-tiempo y llegará a todos los rincones del cosmos.El adepto se manifiesta entonces glorioso a través del Mandala creado en su Templo. Ha subido la piedra del Conocimiento desde su centro inferior hasta su frente, y allí brilla magnificente, iluminando con su sabiduría el vacío infinito que lo rodea. La vibración que emite a lo largo de las cuatro direcciones es el Nombre mágico de nuestro ser interno, gracias al cual volvemos a encontrar siempre el centro.Porque a pesar de que los ignorantes lo desconocen, el que se acerca al nido de la serpiente con sabiduría, está protegido del inmenso poder que allí se esconde. Sólo aquel que conoce su propio Nombre secreto es capaz de acercarse a este centro de poder y obtener de él fuerza y vigor para sí mismo y no daño y pena. Sólo él podrá robar la sagrada gema a la serpiente negra e iluminar con ella su sendero. Esa luz de la Verdad Única brillará en su frente, en su centro secreto llamado por muchos "Tercer Ojo" y por otros "Arca Sagrada."El Nombre secreto del iniciado según las tradiciones esotéricas desde la más remota antigüedad, es la vibración mántrica que representa la totalidad individual del adepto, la expresión completa de su Sí mismo. Lo que ocurre es que como el desvelar de esta totalidad es progresivo y por etapas a lo largo del proceso de la iniciación, el iniciado se ve obligado a escoger un Nombre secreto o de Luz en cada etapa de dicho proceso. El Nombre secreto final del proceso es un tipo de vibración distinta de los progresivos sucedáneos que uno escoge en cada nueva etapa del desarrollo del conocimiento personal, y por supuesto éste último es innombrable, impronunciable e incomunicable a los demás seres que no han alcanzado dicha etapa final.